Automatizo las tareas repetitivas de tu negocio, para que nadie tenga que acordarse de hacerlas.
En 21 días tenés una aplicación que te resuelve lo que más te urge.
Hablo del vencimiento que se pasa de largo y de los números del mes que alguien tiene que sentarse a sumar.
En mi propio trabajo, armar los números del mes me llevaba seis días y hoy me lleva tres clicks.
Lo que podés saber sin ir a buscarlo.
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Hoy
Tenés la cabeza en mil cosas, y te enterás de que falta mercadería o de que un trabajo se atrasó cuando ya es tarde.
Te enterás a tiempoEl vencimiento, el turno, lo que hay que reponer, el trabajo que se está por atrasar. Y también cuando algo cambia: un pedido que se frenó o un número que se sale de lo esperado.
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Hoy
Recién sabés cómo te fue en el mes cuando el mes ya terminó.
Sabés cómo viene el mes antes de que termineLa aplicación arma los números mientras trabajás, no después: cuánto entró y qué se movió.
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Hoy
Los datos los tenés, pero repartidos en tres lugares. Y para contestar algo simple, como qué clientes dejaron de venir, te tenés que sentar a compararlos uno por uno.
Ves todo junto, sin cruzar nada a manoLo que hoy tenés en lugares distintos aparece en una sola pantalla, ya cruzado: quién dejó de venir, qué quedó sin cobrar, qué te deja más y qué menos.
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Hoy
El cliente te escribe preguntando cómo viene lo suyo, y tenés que ir a averiguarlo para poder contestarle.
Sabés en qué anda cada trabajoQuién lo tiene y para cuándo se prometió. Y si querés, tu cliente también lo puede ver, sin preguntarte.
Mi agenda, en el celular: quién tiene cada trabajo y para cuándo. Los datos son de ejemplo. -
Hoy
Querés saber qué le hiciste a un cliente la última vez, y te quedás en blanco.
Te acordás de cada clienteQué compró cada cliente, qué se le hizo, qué había pedido la vez pasada. Aunque haya pasado un tiempo.
El tiempo que hoy se te va en buscar datos y en cargar planillas puede volver a ser tiempo para atender a tus clientes.
El primer cliente fui yo.
En marzo de 2022 me fui de vacaciones y me pasé tres semanas aprendiendo a programar.
Venía cansado de las planillas. Coordinaba un equipo de 36 personas para un cliente global y exigente, y ahí todo se decide con números. Armarlos me llevaba seis días, todos los meses: planillas difíciles de cargar, fórmulas muy complicadas, y aun así el resultado salía con errores.
En esas semanas empecé la aplicación. Desde entonces la fui puliendo, detalle por detalle, hasta que quedó en buscar el archivo, seleccionarlo y procesarlo. Como funcionó, seguí: le agregué una parte para detectar problemas, hice una agenda compartida para coordinar tareas entre los miembros del equipo, y notificaciones para mejorar los tiempos de respuesta.
Con cada una hice lo mismo: no paré hasta que quedó bien. Así voy a trabajar con tu proyecto. A mí también me conviene que salga bien, porque mi nombre depende de cada trabajo que entrego.
Todo el mes en una sola pantalla: cuántos casos entraron, de qué país y si se resolvieron a tiempo.
Esto no le sirve a todo el mundo.
Si te llega un pedido cada tanto y te alcanza con acordarte, no necesitás nada de esto. Y si ya tenés un sistema que se usa todos los días, tampoco: lo peor que podés hacer es cambiar algo que funciona.
Tiene sentido cuando lo que se repite ya no entra en un cuaderno, la cabeza o un grupo de WhatsApp. Ahí es donde una aplicación cambia el día.
Y si se te vino a la cabeza alguien a quien sí le sirve, pasáselo.
Vos seguís trabajando. Yo armo la aplicación.
- Primero aprobás vos lo que voy a armar Con lo que me contaste en la charla, elegimos juntos lo que más te urge. Después te mando una lista de todo lo que definimos, punto por punto. Leés esa lista sin apuro y me decís si está bien o si querés cambiar algo. Una vez que me confirmes, inicio el desarrollo de tu aplicación.
- Vas a ver cómo avanza tu aplicación Te doy una dirección de internet para que entres cuando quieras. Ahí vas a ver en qué día del trabajo estamos, qué partes de la aplicación ya están terminadas y si estoy esperando una confirmación o definición tuya para continuar. Apenas tenga una parte funcional, te la envío para que la veas y la pruebes. Si algo no coincide con la lista que confirmaste, lo corrijo antes de la entrega.
- Te entrego la aplicación con tus datos adentro Si querés, me mandás las planillas que usás hoy y yo paso esos datos a la aplicación. Así, cuando abras la aplicación por primera vez, ya vas a encontrar cargados tus datos.
- Te enseño a usar la aplicación Después de la entrega nos tomamos media hora y te muestro cómo se usa la aplicación. Si la van a usar otras personas además de vos, se suman a esa media hora. No vas a tener que leer ningún manual.
Me escribís a mi WhatsApp, no a un 0800. Es el mismo número que ves en esta página.
Después de la primera entrega ya voy a saber cómo trabajás. Para todo lo que venga después, no vas a tener que explicarme nada de nuevo.
Tomo pocos proyectos a la vez, para que cada uno salga a tiempo. Si cuando me escribís no hay lugar, te digo para cuándo se libera. Y cuando llega esa fecha, te escribo yo.
Si me atraso, lo pago yo.
A los 21 días tenés andando lo que acordamos. Si no lo tenés, ese mes de abono no me lo pagás. Y si me escribís por algo urgente de lo que ya tenés funcionando y no te contesto en el día, ese mes tampoco. Los 21 días son para una aplicación simple. Si la tuya pide más, acordamos la fecha antes de arrancar y la garantía corre igual.
Tres preguntas.
¿Dónde perdés más tiempo? ¿Cuál es el trabajo más molesto que te querés sacar de encima? ¿Qué es lo que no sabés de tu negocio y te gustaría saber?
Si alguna de las tres te hizo pensar en algo, contame esa.
No hace falta que me escribas nada largo. Mandame un audio de treinta segundos por WhatsApp contándome lo que más te molesta del día.
Si es algo que puedo resolver, hablamos quince minutos. Si no, te lo digo en el momento y te ahorro la charla.
Después de esa charla te mando el informe por escrito: qué tareas conviene automatizar, cuáles conviene dejar como están y por dónde empezaría yo. Ese informe es tuyo, trabajes conmigo o no.
Si te sirve y querés avanzar, te paso el presupuesto y la fecha en la que puedo arrancar. Decidís vos, sin apuro.
Se abre mi WhatsApp con un mensaje ya escrito. Mandalo así como está y después grabame el audio.
Lo que conviene saber antes de decir que sí.
Sí. Primero acordamos cuánto sale y arreglamos el pago inicial. Después te mando por escrito la lista de todo lo que va a hacer la aplicación, y los 21 días empiezan a contar el día que apruebes esa lista.
Para llegar a esa fecha necesito dos cosas tuyas: los datos con los que trabajás y tus respuestas cuando te consulto algo. Por ejemplo, si te pregunto si un pedido se puede entregar en partes y tardás unos días en contestarme, esos días no cuentan: el plazo se frena mientras espero y sigue cuando me contestás. Los días en que el trabajo depende de mí cuentan todos.
A los 21 días no está todo: está andando lo que más te urge, ya en uso. Lo que falte lo agregamos después, mientras la aplicación ya te está sacando trabajo de encima. No te hago esperar seis meses para ver la primera pantalla.
Todavía no. Las aplicaciones que hice hasta ahora las uso yo en mi trabajo, y son las que se ven en esta página. Prefiero que lo sepas por mí antes de la charla. Lo que sí vas a poder revisar antes de decidir es el informe del diagnóstico, porque ahí vas a ver por escrito cómo entendí tu negocio y por dónde te propongo empezar.
Un número cerrado, antes de arrancar. Cuánto es depende de lo que haya que hacer, y eso lo vemos en la charla. Se paga en dos partes: una al principio, para construir la aplicación, y un abono mensual que empieza el día que te la entrego.
El abono cubre dos cosas: el mantenimiento de la aplicación, con sus actualizaciones y su seguridad, y una cantidad de horas mías por mes. Cuántas son, queda escrito en el presupuesto, antes de arrancar.
Un ejemplo. Querés que la aplicación te avise cuando un pedido lleva tres días sin moverse: eso es un cambio, y se hace con las horas de tu abono. En cambio, si un aviso que ya tenías deja de llegar, eso es mantenimiento: lo arreglo yo y no se usa ninguna de tus horas.
Si lo que querés sumar no entra en esas horas, lo cotizamos antes de hacerlo: nunca te va a aparecer una cuenta que no aceptaste.
Seguro que hay. Y capaz te alcanza con eso, no siempre hace falta más. Pero antes de comparar precios, pensá esto: nada es caro o barato en el aire, depende de cuánto te ahorra a vos. Y eso lo vemos en la charla, con tu caso concreto.
Pasa como con los auriculares. Los baratos suenan peor, se rompen antes, y el día que fallan no tenés a quién reclamarle. Con una aplicación es parecido: la hago pensando en tu negocio puntual, no en cualquiera.
Lo que te prometo es esto: que haga lo que acordamos. Y que el día que algo falle, alcance con escribirme para que lo resuelva.
La pregunta no es quién cobra menos, sino qué pasa después: con qué te vas a encontrar el día que algo no te funcione en la aplicación.
Sí, es lo que hago. Lo que en esta página llamo aplicación es lo que mucha gente busca como sistema, como programa o como software a medida. A medida quiere decir que la armo según cómo trabajás vos, en lugar de que vos tengas que acomodar tu trabajo a un programa que ya viene hecho. La armo para negocios chicos y para profesionales que trabajan solos o con pocas personas. Sirve para automatizar lo que hoy se hace a mano, como armar un presupuesto o llevar la cuenta de los pedidos. No hace falta que en tu negocio haya alguien que sepa de computación, porque de la parte técnica me ocupo yo.
No. Estoy en San Antonio de Padua, pero para trabajar conmigo no hace falta que tu negocio quede cerca. El diagnóstico empieza con un audio por WhatsApp y sigue con una charla de quince minutos, así que lo podés pedir desde cualquier lugar.
Tus datos son tuyos y te los podés llevar cuando quieras. La aplicación tiene un botón para bajar todos tus datos a una planilla, y lo podés usar sin pedirme nada.
Todos los días se guarda sola una copia de seguridad de tus datos, en un lugar distinto del servidor donde funciona la aplicación. Si algo se rompe, recupero tus datos desde esa copia, y lo máximo que se puede perder es lo que hayas cargado ese último día.
Para entrar a la aplicación hace falta usuario y contraseña, y cada persona de tu negocio ve solo lo que le corresponde. Qué ve cada una lo definimos juntos en el diagnóstico. Tus datos se guardan aparte y no se mezclan con los de ningún otro negocio. Fuera de tu negocio, tus datos los vemos solamente yo y las personas que trabajan conmigo, porque los necesitamos para mantener la aplicación, y no se los pasamos a nadie más.
Si un día dejás de trabajar conmigo, te entrego todos tus datos en un archivo que puedas abrir y los borro del servidor, con las copias de seguridad incluidas, dentro de los 30 días.
Matías Fernández
P. D. Si no es el momento, mandame igual el audio de los treinta segundos. Vas a saber qué te conviene hacer, lo hagas conmigo o no.
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